Para cualquiera de mis penas,
sólo necesito abrir
las puertas que dan al jardín
donde hay flores por centenas.
Ellas colorean mis venas
mientras las veo oscilar.
Florece en mí el pensar:
“cuan innata es la alegría
en este rincón de armonía,
invitándome a disfrutar”.
Mañana es un supuesto;
ésta rosa es certeza,
con candor que embelesa
el confort de mi puesto.
Soy cavilar, dispuesto
a los perfumes del jazmín;
con él reformo mi sentir,
sintonizo con el viento
que canta, cual mi aliento:
“es tan fácil ser feliz”.
