Me enamoro de un sueño
que ha vivido conmigo.
Quizá sea por ella
y su temple tranquilo.
O quizá una infantil fantasía
por lo no vivido.
Son unas manos tan suaves,
que me cubren los miedos.
Son dos manos de ángel,
derramando anhelos.
Miro y siempre estarán sus impresiones.
En dos mundos grandiosos,
dos hermosos marrones.
Lleva un nombre que no puedo mencionar.
Pues no es una,
ella,
es un mar.
De presencias y actitudes que admiro.
Que en un tan bello intangible
mi mente ha reunido.
Me entrego al tibio paso de sus dedos soñados.
Y en paz diurna respiro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario